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Corre Corre

Duele. Quiebra. Rompe.


Es fácil romperse, como ser humano, como "cosa" más inteligente sobre la faz de la tierra somos muy frágiles. Somos tan frágiles que no nos damos cuenta.
No entendemos que para ser fuertes necesitamos confiar, confiar en la gente, confiar en nosotros, confiar en el mundo. Pero no. Nadie entiende esto. Tu les das la mano y ellos agarran el brazo. Ellos tiran la piedra y luego esconden el brazo.
Como personas, la mayoría, intentamos dar lo mejor de nosotros, intentamos que los demás sepan que tienen alguien en quien confiar, que tienen donde apoyarse, que pueden pedir sin problemas, lo único que esperamos los que damos es que acepten. Que confíen. La mayoría no lo hará.

¿Por qué? me pregunto yo. La base de toda relación, sea del tipo que sea, es la confianza, es poder sentirte en casa cuando hablas con alguien, es estar seguro de que tus secretos están a salvo contigo, que no vas a traicionarles, que tu les vas a ayudar, que necesitas saber que les ocurre para poder seguir a su lado. Cuando esto no ocurre, tienes un problema. 
Te conviertes en la policía, en el estado, en su madre, en cualquier persona y duele

Aún así tu juegas el corre corre. Corres detrás de la desconfianza, corres detrás de la incertidumbre, de las preguntas, de el temor. Corres y corres, a veces lo alcanzas a veces llegas demasiado tarde. Poco a poco el juego ya no tiene gracia, ya no es divertido, ya no te hace sentir bien. Te afecta más a ti que a la desconfianza. Crea en ti un resentimiento que algún día explotará, algún día te hará encenderte en llamas, aullar el dolor que te han provocado.

Lo único que pido es que confíes en mi.
Hazlo si me amas por que el corre corre ya cansa.

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